Dos años
29 junio 2010 at 21:40 Deja un comentario
Nos acercamos estrepitosamente a una de las fechas más felices de mi vida, al día en que junto con el nacimiento de mi segundo hijo nací yo como mujer, como mamífera en estado puro.
Hace poco he leído una frase en un relato de parto que dice: “es de una sensación de fuerza poderosa y profunda” cuánta razón tiene… Es una sensación indescriptible, cierro los ojos y me sitúo entre el 17 y el 18 de julio recordando todos y cada uno de los momentos vividos. Recuerdo las contracciones con una sonrisa, duras e implacables, puedo sentir el agua caliente en mi piel, recuerdo el sabor de la manzana más rica que he comido jamás y el olor de la infusión de canela,noto la energía brotar de manera sobrenatural, siento los pujos acompañados de gemidos desde lo más profundo de mi ser, esa fuerza incontrolada concentrada en un único fin, siento en mis dedos la cabecita de mi hijo aun dentro de mi, veo sus ojos mirándome por primera vez, lo siento pegajoso sobre mi pecho con el cordón umbilical todavía latiendo entre mis piernas, recuerdo sus cabezadas buscando por primera vez la teta… y me siento mal. Vuelven a mi sentimientos contradictorios, vuelve la pena, vuelven las preguntas, vuelven las miradas con resignación, vuelve el odio hacia mi misma por haberlo permitido, vuelve el asco y la rabia hacia ese personal, vuelven los días previos (y los pasados) a la cesárea, vuelve el rechazo y vuelve el miedo.
Curiosamente, mi cicatriz, la física de mi bajo vientre, vuelve a dolerme de nuevo…
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